Hace unos días mientras impartía uno de mis talleres, una instructora que se acababa de certificar en Pilates Mat, me contaba que estaba un poco perdida.
No sabía si quedarse ahí y buscar trabajo o si para empezar a dar clases, necesitaba saber manejar todas las máquinas.
Vamos, que entre la confusión y las ganas de hacerlo bien, estaba estancada y no sabía ni por dónde empezar.
A veces, cuando empiezas a enseñar, el mundillo de Pilates parece dividirse entre “suelo o máquinas”. Pero la realidad —esa que descubres cuando llevas un tiempo en esto— es que la mayoría de instructores combinan las dos cosas.
Aunque no existen estudios “comparativos” (tipo artículo científico) que enfrenten específicamente a instructores que solo enseñan suelo con instructores que combinan suelo y aparatos, sí hay encuestas y marcos de enseñanza que permiten ver que la combinación suelo + máquinas es el estándar en la formación y en la práctica profesional.
Y eso tiene sentido. Porque Pilates nació como un sistema completo, no como una lista de ejercicios sueltos.
El trabajo en suelo y el trabajo con máquinas se complementan. Uno te da la base, el otro la profundidad. Mientras que la colchoneta te enseña control y conciencia del centro sin ayuda, las máquinas te muestran cómo dirigir la energía, la resistencia y la alineación.
Lo habitual hoy en día es que un instructor de Pilates tenga “las dos patas”: sepa trabajar en la colchoneta y también en los aparatos clásicos. Luego cada uno se organiza como puede: algunos solo tienen acceso a máquinas en un estudio concreto, otros alquilan horas en un centro y muchos compaginan grupos grandes de suelo con grupos pequeñitos en máquinas.
Por eso, cuando hablamos de instructores de Pilates, estamos hablando de un perfil bastante híbrido. Muy poca gente se queda únicamente en suelo por elección pura; la mayoría llega a las máquinas tarde o temprano. Y eso también explica por qué ves tanto movimiento de cursos “comprehensive”, la formación que integra suelo y aparatos y es la que hoy se considera más completa dentro del mundillo.
Mi experiencia personal
Cuando empecé en este camino, me formé primero en Mat. Y aunque mucha gente me decía que “no se puede vivir solo del suelo”, lo cierto es que sí se puede, si se hace con sentido.
Yo lo hice durante mis primeros siete años de enseñanza, en los que tuve dos estudios pequeños en un barrio humilde de Madrid, donde solo trabajaba el suelo. Eso, sí, lo hacía con criterio y profesionalidad, en grupos muy reducidos, homogéneos y adaptados al nivel y necesidades de cada persona. Nadie me pedía máquinas, y aunque a veces me lo planteaba decidí que no tenía sentido invertir en algo que no iba a usar de momento.
Hay colegas que opinan que un instructor de suelo está «incompleto» como profesional, pero yo no lo sentí nunca así.
Para mí fueron años muy enriquecedores y esas clases fueron mi mejor escuela ya que me permitieron profundizar muchísimo en las bases del método y desarrollar al máximo mis habilidades de enseñanza.
Solo más adelante, cuando ya llevaba años enseñando y abrí un nuevo estudio, hice la formación de Reformer incorporando el trabajo con máquinas.
Y fue precioso ver cómo todo lo que había aprendido del Mat se trasladaba de forma natural al Reformer. Como si las piezas encajaran tras años de paciencia.
Por eso, mi consejo para ti, si hoy estás empezando y te sientes frustrado porque “aún no das máquinas”, créeme: cada etapa enseña lo que necesita enseñar.
Si estás empezando, esto puede ayudarte
«Empieza por el suelo, pero con mentalidad de sistema«
No necesitas hacer una formación integral para empezar a dar clases, pero sí conviene que veas el Matwork como una parte del conjunto, no como un punto final. Cuanto más entiendas la conexión entre suelo y máquinas, más lógica verás en la progresión clásica.
El Matwork es el corazón del método, el lugar donde se aprende a dirigir el cuerpo sin ayuda. Pero no es el final, es el principio de un camino. A medida que avances, irás notando cómo cada principio del suelo se refleja en los aparatos.
«Evita la prisa por abarcarlo todo a la vez«
Muchos instructores novatos se agobian porque creen que deben dominar todos los ejercicios y aparatos ya. Error. En Pilates menos es más. Formarte en todo de golpe no siempre acelera tu crecimiento, a veces dispersa.
Domina lo básico, consolida tu forma de enseñar, practica, repite y no tengas prisa por pasar de nivel.
«No pierdas tiempo comparándote«
Es un error muy común mirar lo que hacen otros instructores y pensar que uno va “retrasado”. Cada instructor tiene su propio camino. Algunos llegan antes, otros después, y eso está bien.
Habrá quien se enamore del suelo y quien viva feliz entre resortes, pero lo importante no es el aparato, sino la coherencia con la que enseñas. Lo principal es que encuentres tu voz, tu manera de acompañar y tu forma de comunicar el método.
La carrera de un profesor de Pilates no se mide en aparatos, sino en comprensión.
«Crea puentes, no muros»
No existe una “rivalidad” entre el suelo y las máquinas, aunque a veces lo parezca. Lo inteligente es usar ambas herramientas para guiar al alumno hacia su mejor movimiento. Hay días de suelo para reconectar y días de aparatos para explorar y afinar. Ambos se complementan y abren caminos distintos hacia la misma meta: un cuerpo más consciente, fuerte y alineado.
Para terminar, una idea que quizás quieras recordar
Tu valor como instructor no depende del número de aparatos que uses ni de cuántas secuencias memorices.
Depende de tu capacidad para observar, escuchar, guiar, dar sentido a la práctica y crear coherencia entre lo que enseñas y lo que el cuerpo necesita.
Así que si estás en ese punto en el que dudas si formarte en Mat o lanzarte al “comprehensive”, no te apresures. Empieza por lo que tengas, practica con constancia, confía en el proceso… y deja que la experiencia te lleve de forma natural a lo siguiente.
No hace falta que elijas ahora. Empieza por entender el porqué de cada movimiento, y el resto llega solo.
Si empiezas con suelo, hazlo con respeto al método; y si luego das el salto a los aparatos, que sea desde la curiosidad, no desde la presión.
Con el tiempo, descubrirás que lo que de verdad engancha a un alumno no es el aparato ni la novedad, sino esa sensación de progreso que aparece cuando el cuerpo empieza a responder con eficiencia.
Porque en Pilates —igual que en la vida— no se trata de tenerlo todo desde el principio, sino de construir despacio, con intención, paso a paso.
No hay atajos. Solo etapas y aprendizajes que se van sumando.
Y cuando ves a tu primer alumno conectar con su cuerpo, da igual si está sobre una colchoneta o en un Reformer, porque ahí estás enseñando Pilates del bueno.
Ahora me encantaría saber de ti profe…
¿En qué punto estás tú ahora mismo?
¿Suelo, máquinas o integración entre ambas herramientas del sistema?
Cuéntamelo en los comentarios 🥰
Marisa Rodríguez
Profesora certificada del método Pilates
